Historia

En la ciudad de Cuenca, siendo las dieciséis horas del día 29 de octubre del año de gracia de 1995, siendo Sumo Pontífice de la Iglesia el Papa Juan Pablo II y D. Juan Carlos I, Rey de España, invitados por el Párroco de San Fernando, Domingo Muelas Alcocer, y los Vicarios Parroquiales Marcelino Angulo García y José M.ª Alcázar Aranda, se congregaron en las puertas del antiguo templo las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y numerosísimo público para acompañar el traslado de la parroquia al nuevo templo y complejo parroquial.

El Sr. Obispo vestido de pontifical se ha dirigido al pueblo diciendo que el motivo que nos congrega es el gozo de la dedicación y consagración de una nueva iglesia.

Entre el volteo de las campanas y los acordes de la Banda de Música de Cuenca, se inicia la procesión presidida por la Cruz parroquial y seguida por las imágenes de San Juan del Castillo, San Román, San Fernando, Ntra. Sra. de la Milagrosa y Ntra. Sra. de Lourdes. También sobre andas desfilaron el cirio pascual y el leccionario con la Palabra de Dios.

Presidiendo esta procesión iba el Excmo. Rvdmo. Sr. Obispo, D. José Guerra Campos acompañado de muchos sacerdotes que llegaron de diversas parroquias de la Diócesis seguidos de las autoridades civiles.

Llegados a la puerta del nuevo templo el Sr. Obispo ha recibido del señor arquitecto D. Jesús Sanz Julián los planos y proyecto de la iglesia y su complejo, mientras el Sr. Constructor. D. Aurelio González Villarejo le entregaba la llave de la puerta de la Iglesia quien a su vez se la entregaba al Párroco, con la indicación de que abriese las puertas del templo.

Según el ritual, habiendo entrado en el templo y llegado a la sede, el Sr. Obispo, bendijo el agua y recorriéndola Iglesia asperjó al pueblo y los muros.

En la liturgia de la Palabra se leyeron, para la Primera Lectura, el libro1º de Reyes 8, 22-23,27-37. la segunda lectura fue tomada de 1 de San Pedro 2,4-9. Y el Evangelio de San Juan 4,19-24. El Sr obispo hizo una homilía perfecta, glosando los textos sagrados y explicando el verdadero sentido de la consagración de un altar y de una iglesia.

Se cantaron las letanías de los santos en las que se incluyeron las advocaciones de San FernandoSan Juan del Castillo, y San Román, imágenes que son veneradas en nuestra parroquia.

Siguiendo las rúbricas del Ritual, el Sr. Obispo vertió el Santo Crisma sobre el altar ungiendo en primer lugar los cuatro ángulos y seguidamente las doce cruces de mármol verde incrustadas en doce muros del templo.

Después echó incienso traído de Damasco y mezclado con espliego, romero, tomillo, mejorana y cantueso de Cuenca en el brasero que estaba encendido sobre el altar. Acto seguido, sirviéndose de tenazas, tomó unas brasas que depositó en dos incensarios, con los que dos turiferarios, recorriendo los pasillos del templo, incensaron al pueblo y los muros donde estaban las cruces de la consagración.

Inmediatamente se vistió y adornó el altar colocando manteles, sus candelabros y flores.

El Sr. Obispo tomando un pequeño cirio encendido lo entregó al Párroco con el que encendió los que habría sobre el altar. Al mismo tiempo se encendió la iluminación de toda la Iglesia.

En el momento de las ofrenda se presentaron, el pan y el vino para la Eucaristía, dos grandes cápsulas de misiles disparadas en la guerra del Golfo del Pérsico con la petición de que cesen las guerras. Una balanza para que en el mundo haya justicia. Y una bolsa de sal para que no haya corrupción en el mundo.

Los fieles masivamente se acercaron a recibir el Cuerpo de Cristo, mientras el coro de peregrinos de Lourdes, cantaban himnos Eucarísticos. Acabada la Santa Misa, tras las preceptuadas incensaciones, el Sr. Obispo, dejó un copón en el Sagrario del Altar Mayor, y el segundo copón lo transportó a la capilla menor. Regresando a la Sede el Sr. Obispo impartió la bendición.